En una somera descripción, el edificio está compuesto de un cuerpo central que forma la iglesia propiamente dichas, alrededor del cual se añaden una serie de dependencias anejas albergadas en cuerpos más bajos, con la excepción de la fachada principal que incluye dos torres.  El cuerpo de la iglesia es de planta central con cúpula.

seccion3El edificio de la ermita, en cuanto a su relación con la ciudad y como parte integrante de un conjunto mayor constituido por todo el trazado del paseo que unía los dos puentes, se entendería como un pabellón aislado que sirve de adorno al parque siendo uno de sus elementos compositivos.  De ahí puede provenir el hecho de que sus ejes principales no coincidan ni con los puentes, ni con el supuesto paseo, lo que motivaría vistas pintorescas de tres cuartos, en vez de las habituales perspectivas axiales de los trazados barrocos.  Este carácter de pabellón está además confirmado por las amplias proporciones de la cubierta, que constituye el tema dominante en la configuración del edificio desde un punto de vista urbano.

Respecto a sus valores puramente volumétricos nos encontramos ante una composición jerárquica muy clara, con un cuerpo central octogonal prominente, acentuado por contrafuertes cilíndricos en las esquinas y rematado todo ello por un chapitel de forma acampanada, es decir, cóncava, coronado a su vez por otro de forma análoga. El contrapunto a este volumen principal son las dos torres de la fachada principal, que alcanzan prácticamente la misma altura de cornisa que el tambor central. A estos volúmenes principales se añaden otros secundarios como son el paralepípedo que los une formando la parte central de la fachada principal y el también prismático que, situado en el eje principal y en la fachada posterior, alberga el camarín de la Virgen.

planta2El espacio principal es, sin duda, el que corresponde propiamente a la iglesia.  Se trata, en planta, de una figura octogonal de lados prácticamente iguales, de los cuales los correspondientes a los ejes principales tienen un carácter “abierto”, es decir, el espacio se expande formando capillas semielípticas, mientras que los correspondientes a los ejes diagonales son “cerrados”, es decir, tienen un carácter estructural formando pilastras murales con huecos pequeños. En su desarrollo vertical el prisma octogonal tiene dos plantas, continuando la misma disposición de la planta hasta llegar a la línea de cornisa de la primera planta, a partir de la cual las capillas laterales se rematan con cúpulas elipsoidales para formar así, en el nivel de cornisa de la segunda planta un octógono regular del que parte la cúpula de la misma forma hasta alcanzar el remate constituido por una linterna también octogonal.  El eje principal está marcado por las aberturas correspondientes al zaguán de entrada y al hueco que deja ver, a modo de “cámara de luz”, el camarín posterior.

alzado1Quizás el aspecto más llamativo de la relación exterior-interior sea su carácter no complementario en lo que se refiere al elemento más potente de su composición: la cúpula.  El volumen exterior no sólo no reproduce el espacio interior, sino que estructuralmente lo contradice la incluir elementos prominentes – buhardillas – en una zona en que la cúpula interior es continua y, en cambio, ocultar la linterna bajo un único faldón  cuando interiormente forma un espacio independiente, aunque conectado axialmente con la cúpula inferior. La relación no complementaria queda aún más clara a la vista de la figura cóncava que tienen ambas formas: tanto la del espacio interior como la del volumen exterior. En la actualidad, tras la última restauración, la articulación de las superficies exteriores ha quedado limitada a los cercos que enmarcan los huecos de la parte central de las fachadas anterior y posterior.  Estos marcos van a ser característicos de la arquitectura de Ribera y suelen estar formados por molduras y boceles que, en el caso de  elementos centrales – puerta principal y balcón superior – , constituyen un motivo unitario que abarca dos plantas.

alzadoEl tratamiento superficial interior está constituido por los elementos correspondientes a la articulación clásica barroca, es decir, una serie de pilastras y nervios con continuidad vertical desde el suelo hasta la linterna, y unas líneas de entablamento rotas sólo por las capillas en la primera planta y continuas en la segunda.  Todo ello tiene un carácter estructural de esqueleto, por lo que es de esperar que mediante colores diferentes se hubieran diferenciado los elementos aparentemente resistentes de los neutros o de relleno. Todos los huecos, verdaderos o falsos – como los medallones -, llevan sus correspondientes marcos.

En resumen, nos encontramos ante una obra de carácter indudablemente barroco, tanto por sus refinamientos espaciales como su articulación parietal y el juego de relaciones exterior-interior, características todas ellas presentes en los mejores ejemplos de iglesias barrocas de la época.

Fuente: Dibujar Madrid. Análisis y propuestas gráficas sobre arquitectura madrileña.  Jorge Sainz Dic. 1983