Jueves Eucarísticos

jueves_eucaristicosTodos los jueves del año tenemos Adoración al Santísimo antes de la Eucaristía: en invierno, a las 18:00h; en verano, a las 19:00h.

Exposición y bendición con el Santísimo Sacramento

Canto inicial (Se canta la primera estrofa del “Pange Lingua”, u otro canto eucarístico, una vez que el Santísimo se encuentra expuesto sobre el altar)

  1. Pange lingua gloriosi Corporis mysterium, Sanguinisque pretiosi, Quem in mundi pretium, Fructus ventris generosi, Rex effudit gentium.

Exposición (El ministro incoa la siguiente alabanza)

V. Viva Jesús Sacramentado (o… Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar)

R. Viva y de todo sea amado (o… Sea por siempre bendito y alabado)

(Se repite tres veces)

Oración:

Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
(También se puede leer, en lugar de la oración, un pasaje ecuarístico del Nuevo Testamento)

Meditación (Durante unos minutos se adora en silencio al Santísimo Sacramento)

Antes de la bendición (De rodillas al final de la adoración, el ministro se acerca al altar; hace genuflexión, se arrodilla y se incoa este himno –las estrofas 5. y 6.- u otro cántico eucarístico)

(2. Nobis datus, nobis natus Ex intacta Virgine
Et in mundo conversatus, Sparso verbi semine,
Sui moras incolatus Miro clausit ordine.
3. In supremae nocte coenae Recumbens cum fratribus, Observata lege plene
Cibis in legalibus,
Cibum turbae duodenae Se dat suis manibus
4. Verbum caro, panem verum Verbo carnem efficit:
Fitque sanguis Christi merum, Et si sensus deficit,
Ad firmandum cor sincerum Sola fides sufficit).

5. Tantum ergo Sacramentum Veneremur cernui:
Et antiquum documentum Novo cedat ritui:
Praestet fides supplementum Sensuum defectui.
Arrodillado, el ministro inciensa el Santísimo Sacramento, si conviene.
6. Genitori, Genitoque Laus et iubilatio,
Salus, honor, virtus quoque Sit et benedictio: Procedenti ab utroque Compar sit laudatio.
Amen.

Al terminar, el ministro incoa:
V.Les diste pan del cielo. (T.P. Aleluya).
R. Que contiene en sí todo deleite. (T.P. Aleluya). Luego se pone en pie (o de rodillas) y dice:

Oremos
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Bendición Eucarística
Una vez que ha dicho la oración, el sacerdote o el diácono toma el paño de hombros, hace genuflexión, toma la custodia o el copón, y sin decir nada, traza con el Santísimo Sacramento la señal de la cruz sobre el pueblo. A continuación recita de rodillas las alabanzas de desagravio.

Alabanzas de desagravio
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

La Reserva
Concluida la bendición, el mismo sacerdote que impartió la bendición u otro sacerdote o diácono, reserva el Sacramento en el tabernáculo, y hace genuflexión, en tanto que el pueblo si parece oportuno, puede hacer alguna aclamación. Finalmente el ministro se retira.

Canto final
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No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.

No adoréis a nadie,
a nadie más.
No adoréis a nadie,
a nadie más.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.

Porque sólo Él
nos puede sostener.
Porque sólo Él,
nos puede sostener.

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No adoréis a nadie,
a nadie más.
No adoréis a nadie,
a nadie más.
No adoréis a nadie,
a nadie más que a Él.

No alabéis a nadie,
a nadie más que a Él.
No alabéis a nadie,
a nadie más que a Él.

No alabéis a nadie,
a nadie más.
No alabéis a nadie,
a nadie más.
No alabéis a nadie,
a nadie más que a Él.
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Para orar delante del Santísimo

Reflexión 1: “Quiere Él, para el bien de las criaturas, que su cuerpo, su alma y su divinidad se hallen en todos los rincones del mundo, a fin de que podamos hallarle cuantas veces lo deseemos, y así en Él hallemos toda suerte de dicha y felicidad. Si sufrimos penas y disgustos, Él nos alivia y nos consuela. Si caemos enfermos, o bien será nuestro remedio, o bien nos dará fuerzas para sufrir, a fin de que merezcamos el cielo. Si nos hacen la guerra el demonio y las pasiones, nos dará armas para luchar, para resistir y para alcanzar victoria. Si somos pobres, nos enriquecerá con toda suerte de bienes en el tiempo y en la eternidad” (Santo Cura de Ars).

Reflexión 2: Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, se nos a dado como Don desde la Cruz. Jesús dio su vida en la cruz porque nos ama. “no hay mayor amor en el hombre, sino aquel que da la vida por sus amigos ( ) Para que le puede seguir morando entre nosotros, hasta la consumación de los tiempos, instituyo la Sagrada Eucaristía, como el sacramento de su amor. Así como el amado espera a su amada para expresarle todo su amor apasionado, así Jesús, espera que cada uno de nosotros vengamos a su Santa presencia ante el Santísimo Sacramento para expresarnos su apasionado amor y de la mismo forma hagamos nosotros. Cada vez que venimos a visitarle, a la Iglesia, nos arrodillamos ante la Santa Eucaristía y le decimos: “Señor, te amo, ayúdame a amarte mas y mas”. Si así lo hacemos, entonces satisfaceremos el deseo del Señor y habitaremos en su presencia toda nuestra vida. Por lo tanto, intentemos encontrar tiempo para visitar al Señor, aunque sea por un momento o dos.

Reflexión 3:Primer punto: Considerar quién es el que he de recibir, y cómo en cuanto a la divinidad es igual al Eterno Padre, y cómo en cuanto hombre es el más ilustre de todos los hombres.

Segundo punto: Considerar de dónde viene: del Cielo. Consideraré que me hace mayor don que a los Apóstoles el Jueves de la Cena. Y he de confundirme trayendo a la memoria lo que haría si esperase a un amigo o hermano que me viniese a ver de tierras lejanas, o si el Papa o el Emperador hubiese de venir a verme, y lo poco que hago con la venida de Jesucristo, de los Cielos a mi ánima.

Tercer punto: Ver cómo viene. Consideraré cómo habiéndome dado todas las criaturas, Él mismo disfrazado se me da en una de ellas, haciéndose pequeñito, conforme a mi pequeñez.

Cuarto punto: Ver adónde viene. A este mundo donde tantas ofensas y pecados se cometen contra su divina Majestad.

Quinto punto: Considerar quién soy yo que le he de recibir, y mostrarle mis llagas, pidiéndole con el leproso del Evangelio que me sane. Así miraré de dónde viene, adónde viene y a qué viene.

Alabado sea Dios.

San Francisco de Borja

Reflexión 3:

Señor Jesús, Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.”Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios” (Jn. 6,69).

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.

Aumenta nuestra FE.

Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.

Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

Siguiéndote a ti, “camino, verdad y vida”, queremos penetrar en el aparente “silencio” y “ausencia” de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo” (Mt. 17,5).

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives “siempre intercediendo por nosotros” (Heb. 7,25).

Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.

Quisiéramos decir como San Pablo: “Mi vida es Cristo” (Flp. 1,21).

Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

Queremos aprender a “estar con quien sabemos nos ama”, porque “con tan buen amigo presente todo se puede sufrir”. En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración “el amor es el que habla” (Sta. Teresa).

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt. 26,38).

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos “gemidos inenarrables” (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o “misterio”.

Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el “misterio” de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.

Amén.

San Juan Pablo II

Oración: Señor Jesús, gracias por dar tu vida por mi, en la cruz y por dejarnos un memorial del don de ti mismo en la Sagrada Eucaristía. Señor, dame la gracia de siempre estar consiente de tu amor por mi y dame la oportunidad de visitarte con mas frecuencia en el Santísimo Sacramento, para de ahí tomar fuerzas y nutrirme de tu apasionado amor. Ayúdame a descubrir tu rostro en los pobres en los necesitados y responder a tu amor al amarlos y ayudarlos a ellos. Amen