28 DE OCTUBRE DE 2018 DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

¿Qué da sentido a nuestra vida?
“El ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: – «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»” En ocasiones parece que nuestra fe debería ir al oftalmólogo. Lo que decimos de palabra, e incluso argumentamos en alguna discusión, parece que se nos nubla cuando tiene que hacerse vida. Lo que tenemos muy claro en la cabeza no es tan claro cuando se tiene que hacer práctica. Y entonces toca gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Tal vez los que nos rodean nos digan que nos callemos, que busquemos otras soluciones o simplemente que nos resignemos. Pero esa sería la postura de los timoratos, los cobardes y egocéntricos. El mundo puede estar muy mal, nuestras circunstancias ser especialmente complicadas, puede parecer que la fe flaquee y entonces hay que gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»…