4 DE NOVIEMBRE DE 2018 DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

La Ley de Dios nos protege
Somos tan reacios a aceptar órdenes que olvidamos que los mandamientos de Dios nos han sido dados para nuestro bien. No podemos desconocer que esos mandamientos son los que protegen el deseo de felicidad que hay en nosotros… El fin de la ley, por tanto, es el bien del hombre. En esta dinámica es lógico que el mandamiento más importante sea amar a Dios e, indisolublemente unido a éste, amar al prójimo.