09AGO 2026
NECROLÓGICA


NECROLÓGICA

Alfonso Pérez de Laborda (1940–2026): Carnalidad creyente

Con el fallecimiento de Alfonso Pérez de Laborda la filosofía española y la Iglesia

pierden a una de esas figuras difíciles de clasificar ya que desbordaba cualquier

etiqueta. Ingeniero industrial, teólogo, filósofo, sacerdote y maestro, hizo de su

vida un ejercicio de la búsqueda de la verdad, donde la razón y la fe no solo no se

contradicen, sino que se reclaman mutuamente para alcanzar la plenitud del

conocimiento.

Nacido en San Sebastián en 1940, realizó una gran formación académica

doctorándose en Ingeniería Industrial y, posteriormente, en Teología por la

Universidad Católica de Lovaina. Su derrotero intelectual estuvo marcado de

numerosos matices: el rigor científico del ingeniero, la profundidad especulativa

del filósofo y la mirada creyente del teólogo. Fue profesor en la Universidad

Pontificia de Salamanca, colaboró con la Universidad Católica de Lovaina y, desde

finales de los años noventa, desarrolló una fecunda labor docente en la

Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid.

A los que fuimos alumnos y amigos suyos, nos invitaba constantemente a pensar

sin miedo, sin separar ciencia, filosofía y teología. Alfonso defendió la unidad de la

verdad y la capacidad de la inteligencia humana para abrirse al misterio del ser

humano, a través de la experiencia que denominaba “de la carnalidad” y,

finalmente, al misterio de Dios. Libros como Pensar a Dios. Tocar a Dios, Filosofía de

la misericordia o Una mirada al ser son testimonio de una reflexión inédita,

profundamente cristiana y, al mismo tiempo, abierta al diálogo con el pensamiento

contemporáneo, pero con una convicción profundamente cristiana: la verdad se

recibe humildemente como un don que interpela toda la existencia.

Como sacerdote vivió también con ponderación y fidelidad su vocación. Nunca

buscó protagonismos. Colaboró en redes sociales comentando el Evangelio de cada

día, dándole su impronta personal. Su ministerio estuvo al servicio de la Iglesia a

través del estudio, la enseñanza y el acompañamiento, recordando que la fe nunca

exige renunciar al pensamiento, sino llevarlo hasta la más alta trascendencia.

Los que fuimos alumnos y amigos suyos, no olvidamos su insistencia de que el

pensamiento corre el riesgo de quedar reducido a la inmediatez o a la opinión. Por

eso, Alfonso Pérez de Laborda, representa la figura del intelectual cristiano:

alguien convencido de que la razón humana puede elevarse hasta las grandes

cuestiones sobre el ser, la creación, la persona y Dios, sin perder nunca la humildad

ante el misterio.

Hoy damos gracias a Dios por su vida fecunda, por sus enseñanzas y por su

testimonio sacerdotal. Queda su obra escrita, quedan sus discípulos, quedan sus

relaciones de amistad, y permanece el ejemplo de una existencia entregada a la

búsqueda de la verdad.

A la Virgen María también dedicó también su inteligencia y su sacerdocio. Así, en

uno de sus comentarios del Evangelio decía, con su lenguaje peculiar: “María, la

llena-de-gracia, está ya en aquel lugar trinitario, sin demora que, tras el paso de la

muerte, alcanzó ese lugar. Y allá se muestra en todo su esplendor la belleza de su

gracia. Se muestra a la Trinidad Santísima, pero también se muestra a nosotros,

todavía en este valle de lágrimas, para que conozcamos el camino que ha de

´arrecogernos´, amparados y sostenidos por la gracia que su Hijo nos alcanza”. Que


Ella le conceda ahora contemplar, cara a cara, la Verdad de Cristo que durante toda

su vida buscó con pasión.

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